sábado, 12 de junio de 2021

Los saldoselectorales de la 4T: el crecimiento de la derecha (I)


Los saldos electorales de la 4T: el crecimiento de la derecha (I)

En los momentos electorales, lo que parece seguir dominando en el sentido común del grueso de las capas populares de la población es que los problemas de su día a día se resuelven no en el ámbito y por los poderes locales, sino en el ámbito federal y por el poder central del ejecutivo.

Ricardo Orozco

09/06/2021


Saber si Morena ganó o perdió en las primeras elecciones intermedias por las cuales ha atravesado siendo la fuerza parlamentaria mayoritaria en el Congreso federal y, al mismo tiempo, siendo el instituto político que llevó a la presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador, no es tan sencillo como simplemente recurrir a una contabilización de escaños, para el caso de las Cámaras, o enumerar qué tantas gubernaturas más salieron de las filas del partido, por poner apenas un par de ejemplos. Y es que, si bien es verdad que, en términos políticos, el número de cargos de representación popular es quizás el indicador más certero para mesurar la fortaleza o la debilidad de una opción partidista, lo que hace a ese tipo de criterios inadecuados para el problema actual de Morena es que de su lectura no se extraen las mismas consecuencias cuando se aplican a un partido ya consolidado y cuando, por el contrario, se le aplican a uno cuya posibilidad de constituirse en gobierno fue producto de una movilización de masas.

 

Es decir, saber qué tan fuerte o qué tan débil es hoy Morena o, en otras palabras, descifrar qué tanto ganó y qué tanto perdió en retrospectiva, es decir: en comparación o contraste con los resultados que obtuvo en las elecciones pasadas (las presidenciales del 2018) no es en definitiva una tarea sencilla. Por un lado, porque la participación de la ciudadanía en los sufragios no es la misma cuando los comicios son para renovar la presidencia del país que cuando lo que se juegan son, sobre todo, municipalidades (o alcaldías), la renovación de la Cámara de diputados, gubernaturas o legislaturas locales. Y, por el otro, porque lo que ocurrió en 2018 fue, en efecto, el arrastre de un fenómeno de masas. De ahí que, en estricto sentido, al contrastar a las elecciones del 2021 con las del 2018 lo que en verdad se está realizando es un esfuerzo por igualar un momento excepcional en la vida política de Morena con uno que, de alguna manera, bien podría afirmarse que es indicativo de su comportamiento normalizado: sin todas esas variables que en el 2018 lo sobredimensionaron y le dieron un peso que no tiene.

 

La cultura política del centralismo presidencialista

 

El primer punto (sobre la naturaleza de los comicios) es importante debido a que la cultura política nacional que al México contemporáneo le heredó el priísmo del siglo XX está fundamentada en la concepción de que es el centralismo presidencialista, en el nivel federal de gobierno, el ámbito que más importa al decidir los destinos de la nación y la resolución de los problemas que aquejan a la totalidad de la sociedad. Y es que, en efecto, a pesar de que el discurso dominante de las últimas décadas (sobre todo enarbolado por analistas y comentaristas de corte liberal) lleva años enarbolando las banderas de la descentralización y del localismo (la política estatal y municipal) como dos de los principales antídotos que promovió la sociedad civil, a finales del siglo XX, para vencer la enorme concentración de poderes que los presidentes priístas habían acumulado a lo largo del tiempo (sometiendo, de facto, a la política nacional a las necesidades de la escala federal de gobierno), la realidad es que, aunque algo de eso se ha logrado, en términos generales, todavía siguen siendo el presidente y el nivel federal de gobierno las dos instancias a las que se recurre en última instancia cuando las cosas salen bien o mal (sobre todo cuando salen mal).

 

Así, por ejemplo, partiendo de esa lógica, se llega a afirmar que el fracaso de la transición partidista del año 2000 (cuando Vicente Fox ocupó la presidencia de la república, cambiando de partido gobernante por primera vez en casi tres cuartos de siglo), se debe, precisamente, a la presidencia de Fox, aunque en aquellas elecciones comenzaron a avanzar transiciones partidistas en las escalas municipales y estatales. La guerra contra el narcotráfico, de Felipe Calderón sigue siendo responsabilidad exclusiva de él, aunque en los hechos las formas en que se experimentó esa guerra, a lo largo y ancho del territorio nacional, estuvieron condicionadas por los poderes políticos locales. Y la podredumbre y la descomposición en la que entró la vida política nacional, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, finalmente, también es, hasta para esos adalides de la descentralización y del actuar local, responsabilidad exclusiva de Peña Nieto y su gabinete.

 

¿Qué nos dicen estos diagnósticos que sexenio tras sexenio se dan y que, en los hechos, siempre apuestan porque el cambio de presidencia logre mejorar las cosas? En términos generales, lo que parecen estar indicando es que, aunque el discurso político dominante (tanto en el seno de la sociedad civil como en el de la clase política) lleva años centrándose en el problema de la desconcentración y el localismo ante el centralismo en el ámbito federal, en el fondo, lo que se sigue experimentando en la práctica política (más allá de los discursos) es una enorme confianza y predisposición a disputar las grandes problemáticas nacionales en la escala nacional y partiendo del entendido de que es el poder ejecutivo federal el que mayores atribuciones y mayor concentración de poderes y facultades tiene para solucionar las cosas. ¿No es, acaso, a la presidencia de la república a la que se recurre cuando la política municipal y estatal no dan respuestas a los problemas de la sociedad civil?

 

Quizá comprobar esta contradicción entre la percepción del ejercicio del poder político y su aceptación y reproducción práctica específica no sea tan sencillo si se parte del entendido de que la aceptación de esto último se da más bien como un sentido común manifiesto en el nivel de las masas sociales. Sin embargo, el que esto sea así tampoco quiere decir que nada haya cambiado en la historia del Estado mexicano desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Y es que, en efecto, en comparación, el centralismo y el peso de la política nacional que se viven hoy, en México, es sin duda una experiencia de mucha menos concentración de poderes en el ámbito federal de lo que se vivió, por ejemplo, con presidencias como la de Lázaro Cárdenas, Gustavo Díaz Ordaz e, inclusive, con Miguel de la Madrid.

 

De ahí que, aunque en verdad a lo largo de las últimas décadas se ha avanzado en descentralizar poderes (por lo menos formalmente, a pesar de que muchas veces de facto se mantengan subordinados al presidencialismo) lo que realmente interesa aquí destacar es que, en los momentos electorales, lo que parece seguir dominando en el sentido común del grueso de las capas populares de la población es que los problemas de su día a día se resuelven no en el ámbito y por los poderes locales, sino, antes bien, en el ámbito federal y por el poder central del ejecutivo: el presidente y su gabinete. Si a esto se suma que en las elecciones del 2018 la persona que se postuló para ocupar la presidencia de la república fue un personaje con un enorme potencial carismático y una biografía que muy pocas personalidades de la política nacional pueden presumir, lo primero que se llega a comprender es que la ausencia de esa figura en los comicios de este 2021, el que no fuese un factor la necesidad de respaldar específicamente a ese personaje —y no tanto a la plataforma partidista de la cual salió— jugó, sin duda alguna, un rol importantísimo para decantar algunas posturas en favor o en contra del partido en las urnas.

 

El momento extraordinario: movimiento de masas, no partido

 

El segundo punto que dificulta la comparación de las presidenciales del 2018 y las intermedias del 2021 es que, en el 2018, Morena irrumpió en la política nacional, estatal y municipal como un movimiento de masas alrededor del cual se aglutinaron una diversidad y una multiplicidad de sectores y de clases sociales que no necesariamente militaban por convicción en las filas del partido, sino que, por lo contrario, ya sea que vieran a Morena como la opción por la que había que votar para hacer valer la utilidad del voto o, en su defecto, que utilizaran a dicho partido para castigar a sus institutos políticos tradicionales (PAN, PRI, PRD, MC, etc.), lo que es un hecho es que el comportamiento electoral de Morena en 2018 no puede ser calificado como su comportamiento normal, natural. Antes bien, lo que sucedió en aquella ocasión fue una cosa excepcional cuyos resultados muy previsiblemente no se repetirán (en gran medida debido a que nadie más llena el carisma que reviste a la figura de López Obrador).

 

Cobrar conciencia de este factor es importante porque es a través de él que se hace posible el contar con una lectura más acertada de los resultados obtenidos por el partido en este 2021. De nueva cuenta, quizás alcanzar a apreciar la trascendencia de este detalle no es del todo claro porque la cultura política que le heredó el priísmo a la ciudadanía, asimismo, se cimentaba en la capacidad que el Revolucionario Institucional tenía para movilizar corporativamente a enormes sectores de la población, sobre todo a través de sus tres centrales sindicales: la Confederación Nacional Campesina, la Confederación de Trabajadores de México y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares. Y es que, en efecto, en sus años de gloria, el priísmo logró repetir movilizaciones de masas sexenio tras sexenio gracias a esa captura del electorado a través de su organización sindical.

 

En el caso de Morena, lo que queda claro es que repetir el arrastre de múltiples y diversos sectores de la sociedad en 2021 sería una proeza poco factible no únicamente porque en 2018 muchos de los votos que obtuvo el partido fueron a parar a sus casillas por una serie de motivos que poco tienen que ver con un sentimiento de identificación y una convicción de militancia, sino, asimismo, debido al desgaste natural que los partidos sufren una vez que de ellos emanan gobiernos y, sobre la marcha, el electorado no militante que les confió su sufragio valora si refrenda esa confianza o si la retira convencido de que nunca debió de darle la oportunidad de gobernar en primer lugar.

 

La precisión parece un absurdo (toda vez que es claro que el propósito de un partido político es lograr atraer hacia sí las preferencias electorales de aquellos sectores de la ciudadanía que no forman parte de su militancia). Y, sin embargo, reconocerla no es fútil, pues, aunque para el 2018 Morena ya contaba con su registro como partido político, en el día a día, en su funcionamiento, siempre se comportó como un movimiento de masas en el cual se procuró integrar a una diversidad de intereses, de estratos y de clases sociales con muy pocos puntos de contacto o agendas compartidas. Ahora bien, por qué, entonces, Morena logró aglutinar a intereses, clases y estratos sociales tan disímiles en un momento de crisis aguda de la política nacional, en 2018, eso, es un análisis que quizá en otro momento se deba de realizar, ya que excede los límites de este texto. Por ahora, lo apremiante es saber en qué cosas falló el partido que le hicieron perder electorado y qué aciertos tuvo.

 

La gran derrota: el fortalecimiento de la extrema derecha

 

Para no entrar en una discusión sobre pérdidas absolutas ante ganancias absolutas, quizá lo más importante que habría que señalar aquí es que lo perdido en determinados espacios se recuperó como ganancia en otros. Así, por ejemplo, aunque es indudable que los resultados de la Ciudad de México son los más desastrosos para el partido, también es verdad que en otras entidades de la república las ganancias fueron mayúsculas, y ello no única ni primordialmente por el número de gubernaturas con las que ahora cuenta el partido, sino, ante todo, debido, por un lado, a las capacidades de penetración del partido en geografías en las que hace tres años apenas y tenía presencia o no tenía presencia en absoluto; y, por el otro, gracias al proceso de decantado y de maduración (habría que decir: de definición y de estabilización) del electorado de Morena ahí en donde en 2018 irrumpió intempestivamente.

 

Una forma de apreciarlo es observando, sin ir más lejos, que tanto en las elecciones locales como en las federales, entidades que durante casi un siglo no habían sido gobernadas por otro partido que no fuese el PRI (como Campeche y Colima) o que en años recientes habían fluctuado entre el panismo, el priísmo y el perredismo (casos de Sinaloa, Zacatecas y Nayarit), ya fuese en solitario o a través de alianzas pragmáticas —desafiando toda coherencia de sus respectivas ideologías—, hoy se hallan asediadas por las preferencias de un electorado que se desplazó (en algunas ocasiones radicalmente) hacia la izquierda, concediéndole a Morena la oportunidad de constituirse como gobierno local en esas entidades. De ahí que, más allá de la obviedad de ese dato, que es evidente en sí mismo, lo que resulta realmente interesante de este caso es que, además de contar con presencia en entidades en donde hace tres años Morena no era una fuerza política sustancial, en casos como los de Baja California y Baja California Sur, Sonora, Sinaloa y Nayarit lo que se observa es un cierto grado de estabilización de las preferencias electorales de sus respectivas poblaciones por el partido, consolidándose y volviéndose, hasta cierto punto, mucho más militantes.

 

Algo similar ocurre en el sureste y suroeste del país, en donde en 2018 cultivó algunos de sus principales triunfos y ahora, tres años después, el electorado en esas entidades parece estarse consolidando en sus preferencias por el partido de López Obrador. Así lo demuestran, por ejemplo, los casos de Veracruz, algunas de las zonas costeras de Guerrero, Oaxaca y Chiapas; las regiones del centro y norte de Campeche y Tabasco, así como el Sur de Quintana Roo.

 

¿Cómo interpretar, pues, esa distribución territorial del voto obtenida por Morena en el lapso que va del 2018 al 2021? Tres son, quizá, los datos más relevantes. Primero, es fundamental el tener claro que, en las representaciones geográficas que se hacen de las votaciones en el país, los mapas que pintan a entidades enteras del color del partido que venció en las elecciones para gubernaturas o para representación en las Cámaras del Congreso reproducen el error de no mostrar la distribución espacial de las preferencias electorales en las unidades más pequeñas delimitadas por la normatividad electoral: los distritos. Y tomar conciencia de este dato es esencial precisamente porque esa distribución no es homogénea: por lo contrario, al captar las diferencias distritales y contrastarlas, por ejemplo, con la manera en que se distribuye la población en la totalidad de la entidad (entre zocas urbanas y zonas rurales; entre zonas de alta concentración de riqueza y las marginales; entre zonas de alta densidad poblacional y las de menor población) lo primero que se observa es que, aunque Morena ganó gubernaturas y diputaciones federales en entidades como Michoacán, Guerrero, Baja California y Campeche, fueron zonas muy específicas las que le zanjaron esas victorias al partido.

 

Así pues, es ahí, en el análisis de los distritos ganados en donde se hace posible apreciar que, de nueva cuenta, entidades que tradicionalmente se han caracterizado por concentrar altos grados de riqueza ahora serán gobernadas por Morena debido, de entrada, a que fueron las poblaciones más marginadas las que se movilizaron para apoyar con sus sufragios al partido; y, en seguida, a que distritos en donde es predominante la presencia de las clases medias y estratos sociales en mejores condiciones que los deciles más explotados también se plegaron alrededor de la agenda propuesta del partido. Diríase, por lo tanto, que en esos casos particulares el voto duro de Morena estuvo marcado por la participación de las clases más explotadas y empobrecidas, y el resto de los apoyos se debió a una suerte de concertación con poblaciones que habitan distritos de mayores ingresos. Eso es lo que explica, en parte, que en las entidades del Norte el voto fuerte de morena se diera en las franjas citadinas más próximas a la frontera (en donde predominan niveles brutales de desigualdad urbana debido a la naturaleza del mercado laboral de maquilas); mientras que, en las zonas más céntricas, en esas mismas entidades fronterizas, las preferencias electorales por el partido fuesen menos marcadas. Baja California, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas así lo demuestran.

 

El segundo dato revelador que se obtiene del análisis de la distribución territorial del voto captado por el partido del presidente tiene que ver con el comportamiento y los resultados obtenidos en la franja del sureste del país, precisamente por aquellos territorios a través de los cuales operará el Tren Maya. Y es que, a juzgar por la presencia que el tema tuvo en medios durante un tiempo importante, a lo largo de estos tres años de gobierno de la 4T, quizás uno de los resultados que más se esperaba conseguir en esas regiones, dada la oposición que se ha mostrado al despliegue de dicho proyecto de infraestructura, era que los Estados peninsulares y del corredor central hacia el sur del país castigaran a Morena y a López Obrador en las urnas. Y sin embargo no fue así. Por lo contrario, en el nivel distrital, lo que se comprueba es que hubo una mayor presencia en zonas en las cuales no era una fuerza fundamental y, ahí en donde ya se encontraba pujante, se fortaleció. Algunas partes de Chiapas y del oriente de Campeche siguen siendo excepción, pero, en general, el desempeño en esas entidades fue mejor que hace tres años.

 

Finalmente, el tercer rasgo interesante que arrojan estas observaciones es que la fuerza política que se ha visto más golpeada por el avance de Morena y, hasta cierta punto, sustituida por éste, es el priísmo, lo cual, no sobra señalarlo, supone el que podría ser uno de los mayores retos que tendrá que enfrentar la 4T en los siguientes años (si es que busca consolidarse como una apuesta transexenal): el fortalecimiento del panismo, por sí mismo, pero también a causa del desplazamiento del priísmo hacia posturas más de derecha en aquellas agendas en las que aún defendía posiciones más de centro.

 

¿En dónde es posible observar estos reacomodos? Esa sustitución del priísmo por parte de Morena es, sobre todo, más visible en las entidades del norte del país: desde Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí hacia la frontera con Estados Unidos; y en el sur, desde Tabasco hasta Quintana Roo. El fortalecimiento del panismo, por otro lado, es a todas luces comprobable en las entidades del bajío, como Guanajuato y Querétaro, el sur de San Luis Potosí, el sur y oriente de Jalisco y el sur de Tamaulipas. Regiones en las que no muy sorpresivamente la penetración de Morena es ínfima. Habría que decir, además, que, si en alguna parte de la geografía nacional el panismo logró cultivar victorias electorales que, sin duda, le serán costosísimas a Morena, esa zona es el occidente de la Ciudad de México, en donde a pesar de no haber ido en solitario en el grueso de las alcaldías por las cuales compitió, el perfil dominante en cada una de esas contiendas fue a todas luces el del panismo. El occidente del Estado de México, dicho sea de paso, se volcó hacia el panismo, mientras que el oriente lo hizo hacia el morenismo.

 

De nueva cuenta, lo que mejor retratan esas geografías es que las zonas con mayores índices de desigualdad y de pobreza (en el entendido de que no son fenómenos análogos) son las que mayores resultados dieron al partido del presidente, mientras que aquellas con mayores ingresos optaron por desplazarse en el espectro ideológico hasta apuntalar algunas de las agendas más abiertamente conservadoras y neoliberales del panismo: el PRD simplemente desapareció del mapa político mexicano, pero no porque no ganara nada en absoluto (sus coaliciones ya tradicionales con el PAN y con el PRI, en duetos, o la más reciente triada de panismo, priísmo y perredismo unidos en Va por México le permitieron sobrevivir para mantenerse como un partido rémora en la Cámara de diputados y cogobernar en donde quiera que haya ido en coalición). Si esta fuerza política desapareció fue porque los perfiles ganadores en las contiendas, aunque fuesen representativos de una coalición, en el fondo, las agendas que más movilizaron fueron, precisamente las del panismo.

 

Ahora bien, que Acción Nacional terminara dominando los perfiles, el discurso y la agenda de la coalición Va por México en diversos distritos es preocupante, y podría convertirse en la mayor amenaza de Morena para los siguientes años, porque es en el crecimiento del panismo en donde se verifica de manera más palpable el desplazamiento hacia posturas más de derecha (más racistas, más sexistas y, sobre todo, más clasistas) de enormes proporciones de la ciudadanía, y en particular de algunas capas de las clases medias. Y aunque esto ya es alarmante por sí mismo, lo que resulta fundamental comprender es que, de radicalizarse esa tendencia, uno de los posibles caminos que podría seguir la política mexicana en los años por venir es que sean esos estratos los que comiencen a movilizarse cada vez con más ahínco en el espacio público para reclamar la instauración de gobiernos cada vez más autoritarios y conservadores: gobiernos fuertes (según un viejo eufemismo) que logren poner en orden a las masas trabajadoras en las cuales observan un peligro a su propia condición de clase.

 

Argentina, con Macri; Brasil, con Bolsonaro; Ecuador, con Lasso; Bolivia, con Añéz; Perú, con Fujimori; Colombia, con Duque; Chile, con Piñera y Uruguay, con Lacalle Pou son apenas un par de ejemplos de las múltiples formas que los reacomodos de la derecha y la extrema derecha son capaces propiciar (personificada y movilizada, en especial, a través de las clases medias y pequeñas burguesías) cuando más se sienten acorraladas en un supuesto peligro (atizado por la izquierda) de reducirlas a la condición de empobrecimiento en la cual se mantienen los sectores más explotados y pauperizados de la población. Desde guerras jurídicas (lawfare) y golpes de Estado hasta intervenciones armadas directas, por parte de los cuerpos castrenses del Estado, pasando por agendas de endeudamiento criminales y por reversión de las políticas sociales llevadas a cabo por la izquierda, en cada caso y en cada experiencia vivida por las naciones americanas en los últimos años lo que se repite es esa constante de radicalizar la ofensiva en contra de lo popular-nacional: en contra de los servicios públicos, de la rectoría del Estado en la economía, de la soberanía energética, de la política salarial digna y de las decisiones que tienen por objeto mejorar las condiciones de vida de todas aquellas personas que para el neoliberalismo no fueron más que despojos humanos, útiles en tanto que fuerza de trabajo, pero nada más.

 

Las derechas americanas y, junto con ellas, la mexicana, pueden llegar a ser profundamente nacionalistas. Y, sin embargo, a pesar de compartir ese rasgo, algo que históricamente han dejado en claro (sobre todo las derechas neoliberales como lo es el panismo) es que se saben articular regionalmente para fortalecer sus propias posiciones de poder en los Estados en los que son la fuerza política dominante o la gobernante. La profunda y sistemática polarización que causa el discurso de López Obrador, por eso, aquí, podría encontrase con la que sería su más grande contradicción y su mayor aberración: la de alimentar, desde sus entrañas mismas, la radicalización de esas capas hasta el punto en que lograr cualquier tipo de alianza o concertación entre clases con intereses divergentes se vuelva imposible.

 

Pero además, por si ello no fuese poca cosa, al haberse debilitado la presencia de Morena en la Cámara de diputados (dependiendo cada vez más de aberraciones como el PVEM), el otro riesgo que se corre es el de un mayor acercamiento entre los intereses empresariales afectados (u ofendidos) por las políticas que el gobierno federal ha promovido en los últimos tres años, por un lado; y esos estratos de la clase media que no duraron en hacer de su clasismo su principal ariete para hostilizar a las capas populares de la sociedad, por el otro. Después de todo, si hasta la fecha esa alianza no ha encontrado alicientes suficientes como para consolidarse (a pesar de todos los esfuerzos puestos en marcha por el gran empresariado y sus asociaciones civiles) eso se ha debido más a las indefiniciones y las indecisiones políticas de las clases medias que a las tentativas de ese empresariado de organizarlas (como en el caso de FRENA). Un cambio de percepción acerca de las fortalezas de López Obrador y del partido, operando de manera sincronizada en la conciencia del empresariado y de las clases medias que en estos tres años se han desplazado más hacia los extremos de la derecha en el espectro ideológico podría muy bien cambiar esa correlación de fuerzas.

 

De ahí, entonces, que sea necesario, asimismo, analizar las causales que llevaron a ese desplazamiento a una parte de las clases medias, pero también que sea importante comprender que éste no fue el único grupo poblacional que adoptó posiciones ideológicas más conservadoras respecto de las que se apreciaron en 2018. Algunas de las más apremiantes entre ellas son: a) la fortaleza del bloque constituido por el priísmo, el panismo y el perredismo; b) el abandono, por parte de Morena, del enorme trabajo de base que realizó en las campañas presidenciales de hace tres años; c) los efectos que tuvieron en el debilitamiento de Morena los perfiles presentados por su dirigencia y la acrítica aceptación, al interior del partido, de ese mantra que alguna vez expresó López Obrador, acerca de la derrota moral y política de la derecha; d) los errores cometidos por los gobiernos emanados del partido en materia de violencias de género y la indolencia que en distintas ocasiones mostraron a las mujeres movilizadas en el país; e) el impacto que tuvo el sectarismo desplegado por el Instituto Nacional Electoral y, f) la profundidad o la superficialidad de los cambios impulsado por los gobiernos de Morena tendientes a mejorar las condiciones de vida de las capas populares de la sociedad.

 

Todo ello es materia de una siguiente entrega.

 

- Ricardo Orozco, internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México, @r_zco

razonypolitica.org

 

*Un análisis más detallado sobre la geografía electoral de México es el realizado por el Dr. Willibald Sonnleitner, investigador de El Colegio de México. https://aristeguinoticias.com/0806/mexico/analisis-de-la-geografia-electoral-no-hay-uno-ni-dos-mexico-sino-una-gran-diversidad/

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/212589

 


viernes, 11 de junio de 2021

Fwd: Al descubierto, estrategia de millonarios en EU para evadir impuestos.


Date: jue, 10 de jun. de 2021 

Al descubierto, estrategia de millonarios en EU para evadir impuestos.


Una filtración del documentos de la oficina encargada del cobro de impuestos en Estados Unidos reveló que las 25 personas más acaudaladas de ese país incrementaron su fortuna en cinco años en 401 mil millones de dólares y sólo pagaron al Fisco 13 mil 600 millones, lo que resultó en una tasa efectiva de solo 3.4%.


Los documentos del Internal Revenue Service (IRS), el ente encargado del cobro de impuestos fueron divulgados por la organización ProPublica en momentos en que en el seno del Grupo de los 20 (G20) se comienza a discutir la imposición de un gravamen mínimo a las grandes empresas, de al menos 15%.


Una creciente ola de deuda pública en distintas latitudes, debido a las necesidades de mayor gasto para contrarrestar la pandemia de Covid-19, contrasta con la riqueza acumulada por las grandes empresas tecnológicas, cuyos directivos se encuentran entre un puñado de multimillonarios de Estados Unidos que se sirven de estrategias de evasión de impuestos inalcanzables para la gente común, según la organización.

ProPublica, el proyecto de periodismo de investigación sin fines de lucro más importante del país, documentó que en 2007, Jeff Bezos, entonces multimillonario y ahora el hombre más rico del mundo, no pagó ni un centavo en impuestos sobre la renta. "Logró la hazaña nuevamente en 2011", de acuerdo con la investigación.

En 2018, el fundador de Tesla, Elon Musk, la segunda persona más rica del mundo, tampoco pagó impuestos federales sobre la renta.


Michael Bloomberg, ex alcalde de Nueva York y fundador del servicio de noticias que lleva su apellido, logró hacer lo mismo en los últimos años, según la investigación, que cita también el caso del inversionista multimillonario Carl Icahn --con intereses en la industria automotriz y de energía, entre otras--, quien en dos años no ha tributado al fisco federal. El multimillonario George Soros no pagó impuestos federales sobre la renta durante tres años seguidos.


"Los datos brindan una mirada sin precedentes a la vida financiera de los titanes estadounidenses, incluidos Warren Buffett, Bill Gates, Rupert Murdoch y Mark Zuckerberg. Muestra no solo sus ingresos e impuestos, sino también sus inversiones, operaciones bursátiles, ganancias de juegos de azar e incluso los resultados de las auditorías", reportó la publicación.


Muchos estadounidenses viven de sueldo mensual, acumulan poca riqueza y pagan al gobierno federal un porcentaje de sus ingresos que aumenta si ganan más, señala. En los últimos años, el hogar estadounidense promedio ganó alrededor de 70 mil dólares al año y pagó 14% de ese ingreso en impuestos federales.


La tasa de impuesto sobre la renta más alta, 37%, entró en vigor este año, para parejas con ingresos superiores a 628 mil 300 dólares.


"Los registros fiscales confidenciales obtenidos por ProPublica muestran que los ultrarricos eluden efectivamente este sistema", indica la publicación.


 

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jueves, 10 de junio de 2021

Fwd: UNAM conmemora la masacre con exposición virtual y mesas de reflexión.


Date: jue, 10 de jun. de 2021 


UNAM conmemora la masacre con exposición virtual y mesas de reflexión



La tarde del 10 de junio de 1971, el gobierno federal de ese momento, encabezado por Luis Echeverría Alvarez, reprimió una marcha de estudiantes utilizando a un grupo paramilitar denominado los halcones, organizado y dirigido por el coronel Manuel Díaz Escobar, con asesoría de algunos oficiales del Ejército y la colaboración de policías y granaderos. Ese día se asesinó y agredió a estudiantes. Hoy es conocido como el halconazo.


Hoy se conmemoran 50 años de aquella represión estudiantil, uno de los hechos más violentos cometidos luego de la masacre en Tlatelolco contra el movimiento estudiantil de 1968, cuando Echeverría Álvarez era secretario de Gobernación.



Como parte de las actividades para recordar la efeméride, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) inaugurará a las 18 horas, una exposición virtual, a través de sus cuentas de Facebook, YouTube y Twitter, y realizará durante el día una serie de charlas y mesas de reflexión bajo el título 1971: Entre el ayer y el mañana.


De acuerdo con el CCUT, la exposición Halcones en Corpus: la construcción de un imaginario, la componen más de 160 fotografías.


Con la curaduría de Alberto del Castillo Troncoso y María de María y Campos, la muestra virtual contará con un mapa de geolocalización de los hechos.


A diferencia de la masacre de Tlatelolco, en la que varios diarios recibieron la visita de agentes de Gobernación que confiscaron o destruyeron parte importante de los materiales de las coberturas fotográficas, la tarde del 10 de junio la destrucción de esa documentación trató de hacerse en las propias calles. Los mismos halcones agredieron a los periodistas, apuntaron los curadores.


La muestra integra imágenes del Archivo General de la Nación, la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, de los archivos fotográficos Paco Ignacio Taibo II, Jorge Acevedo, Marco Antonio Cruz, Armando Lenin Salgado y del Centro Cultural Universitario Tlatelolco.


Se exhiben fotografías de diarios y revistas de la época, testimonio de la presencia del violento grupo paramilitar, armado con rifles y palos de kendo. También se presenta un acervo independiente, con instantáneas captadas por participantes del movimiento, así como por imágenes de los expedientes de los servicios de seguridad e inteligencia del Estado.


Revisar esas fotografías es asistir al proceso de la transición política que ha vivido el país, pues el profundo agravio del 10 de junio ha incorporado nuevos actores políticos y sociales que van desde las nuevas protestas estudiantiles del CEU, el CGH y el #YosSoy132 hasta la rebelión zapatista, pasando por la protesta feminista, las caravanas por la paz y la resistencia frente a la violencia del narcotráfico.


A través de las mismas redes sociales del CCUT, a las 11 horas se transmitirá hoy una serie de breves cápsulas que narran las demandas, resistencia y represión en voz de algunos de los participantes de aquella manifestación.

A las 12:30 horas habrá una mesa de reflexión sobre la influencia del movimiento estudiantil de 1971 en las luchas guerrilleras del periodo conocido como guerra sucia.


A las 16 horas se realizará un recorrido virtual por las calles donde se vivieron los sucesos del 10 de junio de 1971. A las 18 horas, los curadores hablarán sobre la exposición y a las 19:30 horas conversarán el compositor Carlos Alberto Iturralde, la cineasta Elena Pardo y la curadora Eunice Hernández Gómez.

 


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Fwd: Asimetrías brutales, Lichita.


Date: jue, 10 de jun. de 2021 

Asimetrías brutales, Lichita.


Estefanía Ciro. Doctora en sociología, investigadora del Centro de Pensamiento de la Amazonia Colombiana, AlaOrillaDelRío. Su libro más reciente es Levantados de la selva



Niños indígenas de Catatumbo se suman a una marcha antugubernamental en Cúcuta, Colombia, en imagen del 31 de mayo pasado.


Te cuento Lichita: el primero de abril de 2021, un Boeing C-17A Globemaster III despega desde Asunción, en Paraguay, y ya ha estado en Colombia, Ecuador, Bolivia y Argentina. Es un avión que permite despliegues tácticos, transporte de enormes cargas de suministros militares y movimientos de tropas. Esas presencias atraviesan todo el continente llevando y trayendo guerra, incendiando países, monitoreando movimientos "incómodos" y apoyando las Fuerzas de Tareas Conjuntas (FTC).


Estas fuerzas nacen de la terca y larga tradición de Estados Unidos en acciones de guerra que combinan diferentes fuerzas –armadas, policiales, antidrogas, aéreas, marinas– y que es apropiada con ímpetu en las décadas recientes en nuestro continente, desde Colombia hasta Paraguay.


La Fuerza de Tarea Conjunta del Paraguay se creó en 2013 y fue la que te atacó. En una operación de guerra convirtieron la cacería a seis niñas y su tía en las selvas del Paraguay, que esperaban que abrieran la frontera, cerrada por la pandemia, para regresar a Argentina. Asesinaron a dos niñas de 11 años y de ti, Lichita, no sabemos aún nada. Tu melliza, Ana, huyó con dos chicas más y Laura está en una cárcel. Todo un aparato de guerra para aplastar a seis mujeres, niñas la mayoría, en las selvas del Paraguay.


Lichita, otra Fuerza de Tarea Conjunta, en Colombia, también asesinaba niños y niñas. Por lo menos hay constancia del asesinato en dos bombardeos que asesinaron más de 20 niños; uno de ellos en Caquetá el 29 de agosto de 2020 y el otro el 2 de marzo de este año. Fue debido a las denuncias de las familias y de los pobladores de las regiones que se pudo constatar cómo uno de los ejércitos con mayor presupuesto y apoyo de Estados Unidos en la región, tuvo como objetivo militar jóvenes y niños; Rosa Marina, la menor, tenía nueve años. Las fotos de los pobladores dejaban ver pequeños restos de pies alrededor de un cráter. Todo un aparato de guerra para aplastar niños y niñas en las selvas de Colombia. "Máquinas de guerra" los denominó el ministro Diego Molano.


Donde estés Lichita, te quiero contar que otro tanto sigue pasando en Colombia. El viernes pasado le dispararon a una comunicadora nasa y su hija de cinco años, quienes están en este momento con pronóstico reservado. En los portales y puertos de resistencia todas las noches llega el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) a disparar, hostigar, lanzar la metralleta de aturdidoras y lacrimógenos con los que destruyen ojos y cabezas. La policía, convertida en un ente militar, detona un teatro de guerra para atacar a los y las jóvenes, sus padres y madres que exigen un nuevo pacto histórico por la vida y contra la impunidad.


La Misión Internacional de Solidaridad y Observación de los Derechos Humanos de Argentina concluyó que lo que ocurre en Colombia es una masacre, en un solo día se contabilizaron entre ocho y 10 jóvenes asesinados por el Esmad, declaró que hay un ejercicio claro de "terrorismo de Estado" con apoyo paramilitar, que ha detonado en una dolorosa y extensa lista de denuncias de desaparición, por ejemplo. El aparato de guerra –que aún tiene la anuencia de Biden– para aplastar la posibilidad de un futuro.


Diariamente, la fuerza pública y hombres de civil han disparado y han asesinado extendiendo no sólo la lista de asesinados, desaparecidos y maltratados, sino quebrando una sociedad muy difícil de sanar en una Colombia que ya le costaba reconciliarse con sus pasados. El presente tampoco lo permite y nos retumban las palabras de Brecht "Cuando los de arriba hablan de paz, el pueblo llano sabe que habrá guerra".


Es una asimetría brutal, Lichita. Es un aparato represor continental que quiere imponer una guerra civil, pero no hay tal. No hay igualdad de condiciones entre los actores, ni interés tampoco en igualarse. La juventud reclama su futuro. La asimetría de las armas y el orden de guerra también es brutal por la distancia que existe en la dignidad del pueblo, que no se compara a la inexistente legitimidad de los estados, los imperios, las autoridades y las élites de América Latina.


Lichita, tus primeros pasos fueron en una cárcel. Los jóvenes cabalgan el miedo en Colombia. La Minga indígena late la dignidad histórica del pueblo colombiano. Hace 60 años se canta en Perú, y la tarareas tú Lichita: "la sangre del pueblo tiene rico perfume, huele a jazmines, violetas, geranios y margarita; a pólvora y dinamita…amarillito amarillando crece la flor de retama".

 

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lunes, 7 de junio de 2021

Encuesta de Salida Diputados: Morena 40%, PAN 20%, PRI 21%, PRD 3%, MC 5%, Verde 4% – El Financiero

Aprueban medidas cautelares contra Sandoval Iñiguez por difundir video - lajornada20210607

 

Aprueban medidas cautelares contra Sandoval Iñiguez por difundir video


Redacción - lunes 7 de junio de 2021
El cardenal emérito, Juan Sandoval Íñiguez. Foto Cuartoscuro / Archivo

La comisión de Quejas y Denuncias del Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó medidas cautelares en contra del cardenal Juan Sandoval Iñiguez, por difundir un video en el que llama a votar contra quienes están en el gobierno, acción que violenta el artículo 130 constitucional.

De esta manera instruyó a Facebook para que en un plazo que no podrá exceder 3 horas, realice las acciones necesarias, a fin de suspender la difusión del video.

También ordenó al Cardenal se abstenga de emitir mensajes durante las ceremonias religiosas de carácter público, así como en los medios de comunicación, incluyendo redes sociales, donde se promueva que los ciudadanos se abstengan de votar o que voten o no por determinado candidato o partido político.

Al resolver una queja del partido Morena, la comisión determinó que en el video-mensaje de Sandoval Iñiguez, del que informó La Jornada, el prelado incurrió en actos de proselitismo al pedir el sufragio en contra de un grupo político.

El proyecto aprobado, recuerda que el orden jurídico establece con absoluta claridad la prohibición para que los ministros de culto hagan actos proselitistas y deben observar la separación iglesia estado.

Ciro Murayama, presidente de la comisión, señaló que el mensaje del cardenal es trasgresor del orden constitucional. También dijo identificar una acción individual. No se trata de una conducta institucional o atribuible a alguna iglesia.

Es un acto aislado de un individuo cuyas manifestaciones invaden la órbita de la política, lo que afecta el principio de laicidad que separa la religión de la política, subrayó.

El jueves pasado La Jornada publicó la información del video de Sandoval Iñiguez en el cual consideró que en las elecciones del domingo “está en juego la seguridad nacional y la paz. Los gobiernos se han aliado con los malhechores, con los carteles, con los que han hecho pacto, las mismas elecciones están en riesgo de que no se realicen o que haya mucho disturbio por donde quiera”.

Convocó a no votar a los “que están en el poder” porque está en juego también el bien de la familia y de la vida porque este gobierno ha adoptado la ideología de género, que trae todas las barbaridades".

Este contenido fue considerado por INE como violacion a la Constitución, a la ley de Asociaciones de Culto y la legislación electoral.



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domingo, 6 de junio de 2021

El papa no pidió a AMLO que no utilizara su nombre; el video es una parodia

 

El papa no pidió a AMLO que no utilizara su nombre; el video es una parodia


AFP México Facebook Twitter Email Publicado el lunes 22 junio 2020 
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Un video del papa Francisco hablando ante la Asamblea General de la ONU y pidiendo a Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente de México, que deje de mencionarlo, ha sido compartido unas 155.000 veces desde abril de 2018 en redes sociales como si fuera cierto. En realidad, es una parodia creada por un comediante mexicano.

“Pide PAPA a LOPEZ OBRADOR que deje de engañar al pueblo mexicano (sic)”, dice una publicación en Facebook (1) acompañada por un video del papa Francisco hablando ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que también circuló entonces en Twitter.

La secuencia volvió a ser compartida en 2020 y llegó al WhatsApp de AFP Factual para su análisis.

“Le suplicamos a la ONU y a todas las instituciones políticas que se haga una prohibición para aquellos que utilizan mi nombre para atraer falsamente votantes como lo está haciendo López Obrador. (...) Te pido por favor López Obrador ya no utilizar mi nombre”, se escucha supuestamente al papa decir en la grabación, seguido de aplausos de los presentes.

Captura de pantalla de una publicación en Facebook realizada el 19 de junio de 2020

La parodia

El video compartido en redes sociales muestra en la esquina superior izquierda un sobreimpreso que dice “@CARLOSCHAVIRATV IDEA, VOZ Y PRODUCCIÓN”. El nombre del usuario también se observa en la esquina inferior derecha junto con un logo naranja compuesto por un rostro con lentes.

El nombre de usuario corresponde a Carlos Chavira, quien se define como “Creador de contenido digital. Parodias, videos musicales y otras cosas locas que se me ocurren”.

El doblaje del papa criticando a López Obrador fue subido a su canal en YouTube el 25 de abril de 2018, días después del primer debate entre los candidatos a la Presidencia de México y en el que AMLO propuso invitar al papa Francisco a participar en foros sobre violencia e impunidad en el país.

Días más tarde Chavira publicó una parodia del programa de televisión “El precio de la historia” simulando que los anfitriones de la emisión analizan la veracidad del video viral del papa. “Es obvio que es una parodia [el video del papa]. Inclusive ahí pueden leer que dice ‘idea, voz y producción’. Es obvio que es falso pero su perfecta edición lo hace muy real”, supuestamente comenta el protagonista.

El video original

Detrás del logo de Carlos Chavira en la esquina inferior derecha del video, se observan las siglas “WSJ” en color blanco, por el periódico estadounidense Wall Street Journal.

Una búsqueda en YouTube con las palabras clave en inglés “wall street journal pope united nations” (“wall street journal papa naciones unidas”) llevó al video empleado como base para el doblaje y que fue publicado por ese medio el 25 de septiembre de 2015.

Ese día, ante la Asamblea General de la ONU, el papa habló de la ecología y el derecho al medio ambiente, de acuerdo con la transcripción de sus palabras, disponible en el sitio del Vaticano.

Capturas de pantalla de publicaciones en YouTube realizadas el 19 de junio de 2020 del video del Wall Street Journal (izquierda) y del doblaje de Chavira

En conclusión, es falso que el papa Francisco haya pedido ante la ONU a Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente de México, que deje de nombrarlo. El video viralizado es una parodia de un comediante, quien utilizó una grabación de 2015.



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