viernes, 10 de julio de 2015

Francisco en Bolivia (3): homilía de la misa

El Papa Francisco en Bolivia (3): homilía de la misa celebrada en Cristo Redentor
Posted 9 julio, 2015 by Redactora in Especiales Ecclesia



"Toma, bendice y entrega", el Papa al pueblo boliviano

La mañana de este jueves, 9 de julio, vio al Papa Francisco dirigirse en Papamóvil hasta la Plaza de Cristo Redentor, distante un kilómetro y medio de la residencia del Arzobispo Emérito de Santa Cruz, el Card. Julio Terrazas Sandoval.

Homilía en la Plaza de Cristo Redentor en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, jueves 9 de julio de 2015

Hemos venido desde distintos lugares, regiones, poblados, para celebrar la presencia viva de Dios entre nosotros. Salimos hace horas de nuestras casas y comunidades para poder estar juntos, como Pueblo Santo de Dios. La cruz y la imagen de la misión nos traen el recuerdo de todas las comunidades que han nacido en el nombre de Jesús en estas tierras, de las cuales nosotros somos sus herederos.En el Evangelio que acabamos de escuchar se nos describía una situación bastante similar a la que estamos viviendo ahora. Al igual que esas cuatro mil personas, estamos nosotros queriendo escuchar la Palabra de Jesús y recibir su vida. Ellos ayer y nosotros hoy junto al Maestro, Pan de vida.

Me conmuevo cuando veo a muchas madres cargando a sus hijos en las espaldas. Como lo hacen aquí tantas de ustedes. Llevando sobre sí la vida y el futuro de su gente. Llevando sus motivos de alegría, sus esperanzas. Llevando la bendición de la tierra en los frutos. Llevando el trabajo realizado por sus manos. Manos que han labrado el presente y tejerán las ilusiones del mañana. Pero también cargando sobre sus hombros, desilusiones, tristezas y amarguras, la injusticia que parece no detenerse y las cicatrices de una justicia no realizada. Cargando sobre sí, el gozo y el dolor de una tierra. Ustedes llevan sobre sí la memoria de su pueblo. Porque los pueblos tienen memoria, una memoria que pasa de generación en generación, los pueblos tienen una memoria en camino.

Y no son pocas las veces que experimentamos el cansancio de este camino. No son pocas las veces que faltan las fuerzas para mantener viva la esperanza. Cuántas veces vivimos situaciones que pretenden anestesiarnos la memoria y así se debilita la esperanza y se van perdiendo los motivos de alegría. Y comienza a ganarnos una tristeza que se vuelve individualista, que nos hace perder la memoria de pueblo amado, de pueblo elegido. Y esa pérdida nos disgrega, hace que nos cerremos a los demás, especialmente a los más pobres.

A nosotros nos puede suceder lo que a los discípulos de ayer, cuando vieron esa cantidad de gente que estaba ahí. Le piden a Jesús que los despida – "mandálos a la casa" – ya que es imposible alimentar a tanta gente. Frente a tantas situaciones de hambre en el mundo podemos decir: "Perdón, no nos dan los números, no nos cierran las cuentas". Es imposible enfrentar estas situaciones, entonces la desesperación termina ganándonos el corazón.

En un corazón desesperado es muy fácil que gane espacio la lógica que pretende imponerse en el mundo, en todo el mundo, en nuestros días. Una lógica que busca transformar todo en objeto de cambio, todo en objeto de consumo, todo negociable. Una lógica que pretende dejar espacio a muy pocos, descartando a todos aquellos que no «producen», que no se los considera aptos o dignos porque aparentemente «no nos dan los números». Y Jesús, una vez más, vuelve a hablarnos y nos dice: "No, no, no es necesario excluirlos, no es necesario que se vayan, denles ustedes de comer".

Es una invitación que resuena con fuerza para nosotros hoy: "No es necesario excluir a nadie. No es necesario que nadie se vaya, basta de descartes, denles ustedes de comer". Jesús nos lo sigue diciendo en esta plaza. Sí, basta de descartes, denles ustedes de comer. La mirada de Jesús no acepta una lógica, una mirada que siempre "corta el hilo" por el más débil, por el más necesitado. Tomando "la posta" Él mismo nos da el ejemplo, nos muestra el camino. Una actitud en tres palabras, toma un poco de pan y unos peces, los bendice, los parte y entrega para que los discípulos lo compartan con los demás. Y éste es el camino del milagro. Ciertamente no es magia o idolatría. Jesús, por medio de estas tres acciones logra transformar una lógica del descarte, en una lógica de comunión, en una lógica de comunidad. Quisiera subrayar brevemente cada una de estas acciones.

Toma. El punto de partida, es tomar muy en serio la vida de los suyos. Los mira a los ojos y en ellos conoce su vivir, su sentir. Ve en esas miradas lo que late y lo que ha dejado de latir en la memoria y el corazón de su pueblo. Lo considera y lo valora. Valoriza todo lo bueno que pueden aportar, todo lo bueno desde donde se puede construir. Pero no habla de los objetos, o de los bienes culturales, o de las ideas; sino habla de las personas. La riqueza más plena de una sociedad se mide en la vida de su gente, se mide en sus ancianos que logran transmitir su sabiduría y la memoria de su pueblo a los más pequeños. Jesús nunca se saltea la dignidad de nadie, por más apariencia de no tener nada para aportar y compartir. Toma todo, como viene.

Bendice. Jesús toma sobre sí, y bendice al Padre que está en los cielos. Sabe que estos dones son un regalo de Dios. Por eso, no los trata como "cualquier cosa" ya que toda vida, toda esa vida, es fruto del amor misericordioso. Él lo reconoce. Va más allá de la simple apariencia, y en este gesto de bendecir y alabar, pide a su Padre el don del Espíritu Santo. El bendecir tiene esa doble mirada, por un lado agradecer y por el otro poder transformar. Es reconocer que la vida, siempre es un don, un regalo que puesto en las manos de Dios, adquiere una fuerza de multiplicación. Nuestro Padre no nos quita nada, todo lo multiplica.

Entrega. En Jesús, no existe un tomar que no sea una bendición, y no existe una bendición que no sea una entrega. La bendición siempre es misión, tiene un destino, compartir, el condividir lo que se ha recibido, ya que sólo en la entrega, en el com-partir es cuando las personas encontramos la fuente de la alegría y la experiencia de salvación. Una entrega que quiere reconstruir la memoria de pueblo Santo, de pueblo invitado, a ser y a llevar la alegría de la salvación. Las manos que Jesús levanta para bendecir al Dios del cielo son las mismas que distribuyen el pan a la multitud que tiene hambre. Y podemos imaginarnos, podemos imaginar ahora cómo iban pasando de mano en mano los panes y los peces hasta llegar a los más alejados. Jesús, logra generar una corriente entre los suyos, todos iban compartiendo lo propio, convirtiéndolo en don para los demás y así fue como comieron hasta saciarse, increíblemente sobró: lo recogieron en siete canastas. Una memoria tomada, una memoria bendecida, una memoria entregada siempre sacia al pueblo.

La Eucaristía es el «Pan partido para la vida del mundo», como dice el lema del V Congreso Eucarístico que hoy inauguramos y tendrá lugar en Tarija. Es Sacramento de comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento y nos da la certeza de lo que tenemos, de lo que somos, si es tomado, si es bendecido y si es entregado, con el poder de Dios, con el poder de su amor, se convierte en pan de vida para los demás.

Y la Iglesia celebra la Eucaristía, celebra la memoria del Señor, el sacrificio del Señor. Porque la Iglesia es comunidad memoriosa. Por eso fiel al mandato del Señor, dice una y otra vez: «Hagan esto en memoria mía» (Lc 22,19) Actualiza, hace real, generación tras generación, en los distintos rincones de nuestra tierra, el misterio del Pan de Vida. Nos lo hace presente, nos lo entrega. Jesús quiere que participemos de su vida y a través nuestro se vaya multiplicando en nuestra sociedad. No somos personas aisladas, separadas, sino somos el Pueblo de la memoria actualizada y siempre entregada.

Una vida memoriosa necesita de los demás, del intercambio, del encuentro, de una solidaridad real que sea capaz de entrar en la lógica del tomar, bendecir y entregar; en la lógica del amor.

María, al igual que muchas de ustedes llevó sobre sí la memoria de su pueblo, la vida de su Hijo, y experimentó en sí misma la grandeza de Dios, proclamando con júbilo que Él «colma de bienes a los hambrientos» (Lc 1,53), que Ella sea hoy nuestro ejemplo para confiar en la bondad del Señor, que hace obras grandes con poca cosa, con la humildad de sus siervos. Que así sea.


FOTO: El Santo Padre en Santa Cruz – AFP



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jueves, 9 de julio de 2015

Francisco en Ecuador (2): homilía Parque de los Samanes


Posted 6 julio, 2015 by Redactora in Especiales Ecclesia

El Papa Francisco en Ecuador (2): homilía misa en Parque de los Samanes





El Papa Francisco en Ecuador (2): homilía misa en Parque de los Samanes
(RV).- El Papa Francisco durante su homilía de la Santa Misa dedicada a la familia, en el Parque de Los Samanes de Guayaquil, reflexionó sobre la importancia que tiene el rezar con nuestro familiares, "la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres se siente cercano el amor de Dios". Ante un recinto completamente lleno de fieles entusiasmados, el Santo Padre profundizó sobre el significado del pasaje del Evangelio de Juan que habla de las bodas de Caná, y honró el hecho de que la Virgen María le dijera a Jesús que ya no tenían más vino para la celebración, es decir, se preocupó por la organización del evento, y así añadió Francisco "No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace 'ser hacia' los otros". "María es simplemente madre", dijo, "María es madre, "María es madre", hizo repetir a los presentes.
El Pontífice invitó a pensar que en esta ocasión el vino sería como una metáfora de diferentes situaciones de nuestra vida cotidiana como puede ser el estar enfermo, tener problemas con la familia, la falta de trabajo, etc. Por esto aseguró que "Rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros, en sus zapatos" y añadió que la familia es una escuela donde se nos recuerda que nuestro prójimo vive bajo el mismo techo y comparte nuestra vida.
Así, el Papa Bergoglio recordó que en pocos meses la Iglesia celebra el Sínodo Ordinario de los Obispos que estará dedicado a la familia y a encontrar soluciones de los desafíos con los que encuentra la sociedad de hoy.
El Papa terminó animando a los más necesitados, "el mejor vino está por venir para cada persona que se arriesga al amor (…) Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino", y esto insiste se lo debemos susurrar a los desesperados o a los desenamorados.
 (MZ-RV)
Texto completo de la homilía del Papa en la Misa por las familias
El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es el primer signo portentoso que se realiza en la narración del Evangelio de Juan. La preocupación de María, convertida en súplica a Jesús: «No tienen vino» – le dijo – y la referencia a «la hora» se comprenderá después, en los relatos de la Pasión.
Y está bien que sea así, porque eso nos permite ver el afán de Jesús por enseñar, acompañar, sanar y alegrar desde ese clamor de su madre: «No tienen vino».
 Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, en amores fecundos, en amores alegres. Demos un lugar a María, «la madre» como lo dice el evangelista. Y hagamos con ella ahora el itinerario de Caná.
María está atenta, está atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia» los otros. Tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar la mala preparación de las bodas. Y como está atenta, con su discreción, se da cuenta de que falta el vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no hay de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano, de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos. También la carencia de ese vino puede ser el efecto de la falta de trabajo, de las enfermedades, situaciones problemáticas que nuestras familias en todo el mundo atraviesan. María no es una madre «reclamadora», tampoco es una suegra que vigila para solazarse de nuestras impericias, de nuestros errores o desatenciones. ¡María, simplemente, es madre!: Ahí está, atenta y solícita. ¡Es lindo escuchar esto! ¡María es madre! ¿Se animan a decirlo todos juntos conmigo? ¡Vamos! ¡María es madre! ¡Otra vez! ¡María es madre! ¡Otra vez! ¡María es madre!
Pero María, en ese momento que se percata que falta el vino, acude con confianza a Jesús: esto significa que María reza. Va a Jesús, reza. No va al mayordomo; directamente le presenta la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora: "¿Y qué podemos hacer tú y yo?" Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). Pero, entre tanto, ya ha dejado el problema en las manos de Dios. Su apuro por las necesidades de los demás apresura la «hora» de Jesús. Y María es parte de esa hora, desde el pesebre a la cruz. Ella que supo «transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura» (Evangelii gaudium, 286) y nos recibió como hijos cuando una espada le atravesaba el corazón a su hijo. Ella nos enseña a dejar nuestras familias en manos de Dios; nos enseña a rezar, encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones también son preocupaciones de Dios.
 Y rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros, a ponernos en sus zapatos. La familia es una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente: que vive bajo el mismo techo, que comparte la vida y está necesitado.
 Y finalmente, María actúa. Las palabras «Hagan lo que Él les diga» (v. 5), dirigidas a los que servían, son una invitación también a nosotros, a ponernos a disposición de Jesús, que vino a servir y no a ser servido. El servicio es el criterio del verdadero amor. El que ama sirve, se pone al servicio de los demás. Y esto se aprende especialmente en la familia, donde nos hacemos por amor servidores unos de otros. En el seno de la familia, nadie es descartado; todos valen lo mismo.
Me acuerdo que una vez a mi mamá le preguntaron a cuál de sus cinco hijos – nosotros somos cinco hermanos – a cuál de sus cinco hijos quería más. Y ella dijo: como los dedos, si me pinchan éste me duele lo mismo que si me pinchan éste. Una madre quiere a sus hijos como son. Y en una familia los hermanos se quieren como son. Nadie es descartado.
Allí en la familia «se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir "gracias" como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y allí se aprende también a pedir perdón cuando hacemos algún daño, cuando nos peleamos. Porque en toda familia hay peleas. El problema es después pedir perdón. Estos pequeños gestos de sincera cortesía ayudan a construir una cultura de la vida compartida y del respeto a lo que nos rodea» (Laudato si', 213). La familia es el hospital más cercano, cuando uno está enfermo lo cuidan ahí mientras se puede. La familia es la primera escuela de los niños, es el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, es el mejor asilo para los ancianos. La familia constituye la gran «riqueza social», que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a sus los ciudadanos. En efecto, estos servicios que la sociedad presta a los ciudadanos no son una forma de limosna, sino una verdadera «deuda social» respecto a la institución familiar, que es la base y la que tanto aporta al bien común de todos.
 La familia también forma una pequeña Iglesia, la llamamos «Iglesia doméstica» que, junto con la vida, encauza la ternura y la misericordia divina. En la familia la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres se siente más cercano el amor de Dios.
 Y en la familia, y de esto todos somos testigos, los milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano… y muchas veces no es el ideal, no es lo que soñamos, ni lo que «debería ser». Hay un detalle que nos tiene que hacer pensar: el vino nuevo, ese vino tan bueno que dice el mayordomo en las bodas de Caná nace de las tinajas de purificación, es decir, del lugar donde todos habían dejado su pecado… Nacen de lo 'peorcito' porque «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rm 5,20). Y en la familia de cada uno de nosotros y en la familia común que formamos todos, nada se descarta, nada es inútil. Poco antes de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, la Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a las familias, para madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones y ayudas concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar. Los invito a intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro, como el agua de las tinajas nos escandalice o nos espante, Dios –haciéndolo pasar por su «hora»– lo pueda transformar en milagro. La familia hoy necesita de este milagro.

Y toda… y toda esta historia comenzó porque «no tenían vino», y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen– estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle, no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir. Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de cada día. El mejor de los vinos está en esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor. Y en la familia hay que arriesgarse al amor, hay que arriesgarse a amar. Y el mejor de los vinos está por venir, aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario. El mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo. Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir, murmúrenselo cada uno en su corazón, el mejor vino está por venir y susúrrenselo a los desesperados o a los desamorados. 'Tené paciencia, tené esperanza, hacé como María: rezá, actuá, abrí tu corazón, porque el mejor de los vinos va a venir'. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas.
Como María nos invita, hagamos «lo que el Señor nos diga». Hagan lo que Él les diga. Y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recuperar el gozo de ser la familia, el gozo de vivir en familia. Que así sea.

(MCM-RV)

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miércoles, 8 de julio de 2015

De Scherer sobre Zabludovsky: La vida que desprecio

De Scherer sobre Zabludovsky: La vida que desprecio
Echeverría le entrega a Zabludovsky el Premio Nacional de Periodismo.
Foto: El Universal




MÉXICO, D.F. (Proceso).- A Jacobo Zabludovsky lo llevaba conmigo como una pesadilla. En cualquier momento se me aparecía. Seguidores entusiastas en todo el país hablaban de él, de la penetra­ción de su trabajo, de su información privilegiada, de su porte, de su elegancia, de su corbata negra, de su fina ironía, de su lenguaje impecable, de su dicción sin error.

Los secretarios de Estado se exhibían a su disposición, orgullosos de comunicarse con el número uno de las noticias. Y así los gobernadores de los estados y así las señoras de fama y así los diplomáticos y así los generales. No obstante el coro que le cantaba, Zabludovsky centralizaba uno de los vicios mayores de las dictaduras: la libertad de expresión dictada desde el poder.

El 1 de septiembre de cada año era el día del presidente, el día de su informe al Congreso de la Unión. Con el micrófono en la mano, Zabludovsky y Lolita Ayala a su lado, tan femenina, tan bien vestida, tan dueña de su carácter de informadora, observaba embebida la manera con la que Jacobo desplegaba su talento.

A las 10 de la mañana en punto, una hora antes de que el Ejecutivo se presentara ante el Congreso, la pareja animaba el ambiente para una recepción masiva y clamorosa. Cuatro horas después, hacia las tres de la tarde, todo eran alabanzas para el jefe de la nación, el país en marcha y en paz. El 1 de septiembre era el día del presidente de la República pero también el día de su propagandista. La política y los intereses los igualaban.

* * *

Apartado de 24 Horas, ya en la época del presidente Vicente Fox, Zabludovsky se explicó en relación con su época de oro.

–Eran los tiempos –dijo.
Eran, efectivamente, los tiempos de la información unificada, pero eran también los tiempos de la riqueza a manos llenas para algunos informadores. Si Emilio Azcárraga Milmo se había declarado soldado del presidente, no hacía falta que Zabludovsky se declarara soldado de Azcárraga Milmo. Inacabable­ su fortuna, el dueño de Televisa la mostraba en vivo y la repartía.

Reunido con Bernardo Garza Sada, Fernando Senderos, Eloy Vallina, Carlos Slim, convocados a una cena por el licenciado Antonio Ortiz Mena, exsecretario de Hacienda, para colectar dinero destinado a la campaña presidencial, Azcárraga miró a todos de arriba abajo. Él daría más dinero, mucho más que la cuota que se les había asignado a los hombres más ricos de México.
Zabludovsky no podía estar al margen de los millones generosos que se acumulaban en la cuenta bancaria de Azcárraga.

Enrique Krauze me contó de una conversación con el creador de 24 Horas y su estilo novedoso en la televisión. Le dijo Krauze a Zabludovsky que hay perros que ladran y amenazan, y cuando ladran y amagan actuando con la acometida, no representan riesgo alguno. Hay otros perros, subrayó el historiador, que en el ladrido y el embate se la juegan completos.
Hoy Zabludovsky ladra y muy de vez en cuando enseña sus dientes sin filo.


En el libro La terca memoria,
Scherer narra:
Nos veíamos los viernes en el Camino Real y algunos amigos de Juan (Sánchez Navarro) se unían a nuestra mesa. Pronto fuimos seis y el espacio resultó incómodo. Nos trasladamos al comedor del Club de Industriales y de ahí a la biblioteca del suntuoso centro de reunión de los magnates. El grupo crecía. Pronto fue insuficiente la biblioteca y en un salón terminamos 20, 30, 40 comensales.

Aparecieron algunas señoras y Juan se solazaba. A su izquierda y a su derecha no había sitio para varón alguno. El buen humor predominaba en los prolongados desayunos y la concordia era manifiesta. Juan y yo nos sentábamos frente a frente, amistosos. El afecto entre nosotros fue creciendo. Ante un grupo, públicamente, alguna vez Sánchez Navarro dijo que, a la distancia, le parecía aberrante el boicot publicitario que había encabezado contra Excélsior, como aberrantes le parecían las consecuencias posteriores. Echeverría había jugado con todos el juego del que era maestro, la traición.

Más tarde me contó:
Los empresarios que pesaban, los del poder económico y la influencia política, preocupados por el rumbo que tomaba Excélsior, acordaron reunirse en la casa del fundador de la ICA, Bernardo Quintana. Invitaron al presidente Echeverría, que concurrió puntual a la cita. Hablaron del periódico. Era peligrosa la posición que asumía, más y más cargada a la izquierda. El director, Julio Scherer García, no ocultaba su tendencia política y era verosímil que se tratara de un sujeto proclive al comunismo. El diario mantenía un ritmo de crecimiento sostenido, fenómeno que se sumaba a las inquietudes de los empresarios. El anfitrión tomó la palabra y solicitó el parecer del presidente de la República.

Echeverría fue directo. Los hombres de la iniciativa privada rendían su cuota al auge del periódico, la publicidad era fuente de ingresos para el diario. Así fortalecía al enemigo común. En manos de los empresarios estaba el remedio a una situación que ya era crítica.

Los comensales hicieron suyas las palabras del presidente, pero no entendieron el significado de los ojos a medio cerrar del maestro de la doble, triple, cuádruple intriga. Sánchez Navarro encabezó el boicot publicitario y muchos se sumaron a la campaña. Las 24 Horas de Jacobo Zabludovsky fueron un ariete. "Eran los tiempos", diría tiempo después como explicación de su noticiario plegado al poder, pero esos tiempos hicieron millonarios a algunos.

(…)

A Díaz Ordaz se le reconocía una inteligencia clara y una voz profunda, de dicción perfecta. Llamaban la atención sus enormes dientes hacia fuera y sus ojos redondos, pequeños. En su presencia, nadie se permitía un comentario irónico o una sonrisa encubierta al mirarlo tan feo, porque feo era.
La unión entre el gobierno y los medios de comunicación demostraban que existen los matrimonios perfectos. Jacobo Zabludovsky representaba la verdad oficial que se admite porque no hay manera de recelar de un hombre con las altas virtudes inmanentes de nuestros gobernantes.


En el libro Estos años, revela:
Había gana de platicar. Dejaría la presidencia a los 46 años, edad inmejorable para mantener el ímpetu. El país lo calaba. A él dedicaría la vida. Sus palabras me parecieron piezas de un rompecabezas que encajaban naturalmente unas con otras. Se expresaba como un estudioso ante un trabajo conocido, ordenados los verbos y los sujetos, precisos los signos de puntuación. Mostraba la seguridad de un académico de altos vuelos, pero en su lenguaje no aparecían las ideas del hombre que ha desgastado los libros para interrogarse acerca del hombre.

Me habría gustado hablarle de Carlos Hank González y su afán por atraer a su círculo­ a políticos, escritores, artistas, magnates, periodistas: las fiestas, la abundancia, los regalos a todos, santaclós los 365 días del año. Habría querido narrarle cómo de los 32 periódicos que se editan en la Ciudad de México, uno, según datos de la Unión de Voceadores, circulaba entre 50 compradores, pero, eso sí, cebadas sus planas por la publicidad.

En la atmósfera relajada que había propiciado, tuve manera de hablar de Jacobo Zabludovsky. Incondicional de los presidentes, bebía sus palabras, las que fueran; servil a los proyectos del poder, los apoyaba todos. A cambio de una popularidad sin hondura, gastaba su alma.

Ilustré mis palabras con un ejemplo, entre muchos:
Un domingo frente a la televisión –jugaban América y Guadalajara–, leí en la parte inferior de la pantalla que al término del partido el licenciado Jacobo Zabludovsky difundiría trascendentales entrevistas con los presidentes de México y Chile. Reunidos en Santiago, firmaban ese día el acuerdo del libre comercio entre las dos naciones.

Zabludovsky se comportó como siempre. Experto en su quehacer, asentía, subrayaba, dejaba ir la pregunta pertinente para el lucimiento de los personajes. No había en su interrogatorio el escepticismo del que quiere saber, la sutileza de alguna pregunta envuelta en suave impertinencia. Los presidentes sentaban cátedra, profesores de economía ante el ilustrado mundo latinoamericano.

En su turno, Patricio Aylwin dijo que el tratado abría para Chile un mercado potencial de 80 millones de compradores mexicanos. Entre esos compradores del vino chileno y el cobre de la mina "El Teniente", sin duda contó a los indígenas de Oaxaca, a los campesinos de Chiapas, a los habitantes de las montañas de Guerrero, a los ixtleros de San Luis Potosí, a los tepehuanes de Durango que beben el viento y comen todo lo que se mueve.

Zabludovsky seguía en lo suyo:
–Señor presidente…
Después de escucharme con una atención que me pareció expectante, dio sentido al encuentro de ese día, 6 de noviembre:
–Mi palabra empeñada, la palabra del presidente de la República, que Proceso no sufrirá agresión alguna durante mi mandato.

(…)

Compañeros de trabajo en Excélsior y Proceso y más tarde separados por la política, Miguel López Azuara y yo nos llamamos "jefe". Hoy al servicio del gobernador de Veracruz, Patricio Chirinos, antes ocupó la Subdirección de Prensa de la Presidencia de República.

–Jefe –me anunció una noche–, el licenciado Salinas lo invita a una cena en la casa de Gabriel García Márquez, este sábado.

–¿Qué me dice?
–Necesito sus documentos para tramitar su visa en la embajada de Colombia.

–¿El sábado, dice?
–Sí, el que viene.
–¿Hay otros invitados?
–El Güero Zabludovsky y Beatriz Pagés, a la que tanto quiere.
–Deje pensarlo.
–Apenas hay tiempo.
–Le digo mañana.
–Dígame ahora.

Al día siguiente le dije que no. Me advirtió que mi negativa implicaba un desaire al presidente de la República y a García Márquez. Repuse que no cometía desaire alguno, que el presidente conocía mi opinión acerca de Zabludovsky, de salivosa y permanente adulación al poder. En todo caso yo era víctima de una descortesía.

Tomada la decisión, no tuve duda: el periodista Zabludovsky me hace falta como punto de referencia: vive la vida que desprecio.

(…)

Le hablé de los temas que corren en estas páginas y le conté por qué había evitado el viaje a Moscú y a Johannesburgo para encontrarme con Gorbachov y Mandela. Aunque el presidente ya me había dicho que mi aspiración profesional era legítima, yo pensaba de manera distinta. Las entrevistas obtenidas desde el poder tramarían hilos sutiles en una relación que había rechazado desde su origen. Una cortesía conmigo se traducía en una atención al presidente de la República, gestos en las alturas.

Toqué un punto central: la sumisión del periodismo a los intereses del poder y cité a dos clásicos: Zabludovsky y Díaz Redondo. Le dije al presidente que todo adulador quiere algo por vía oblicua, en nuestro oficio, dinero e influencia, impunidad, prestigio. Sentados uno frente al otro en una mesa rectangular, el presidente me escuchaba sin un comentario. No observé en él algún rictus que expresara contrariedad o impaciencia. Su actitud era amable y parecía solícito. Apenas movía el cuerpo y manejaba los cubiertos con suavidad. Fui más lejos: los aduladores se disfrazan. Agregué: son peligrosos, la traición al acecho.

Recordé una de nuestras primeras conversaciones y la ya vieja insistencia de entonces: que me hiciera llegar documentos que sólo el gobierno posee y que me servirían como punto de apoyo para escribir sobre la corrupción en los medios de comunicación, particularmente la prensa. Le hablé de mi desencanto. Le dije también que al final de su gobierno de alguna manera los hechos me daban la razón: 24 Horas y Excélsior padecían el desprestigio. Excélsior no era más el gran diario lejos de sus competidores, y a Zabludovsky, para alivio de muchos, Ricardo Rocha lo sustituía en trabajos especiales. (Después de las elecciones trascendió en Televisa que Emilio Azcárraga y Diego Fernández de Cevallos habían pactado una entrevista por el canal 2. El excandidato a la Presidencia de la República dio pie a un acontecimiento en los dominios de Azcárraga: la entrevista sería al gusto de Diego, en vivo, sin límite de tiempo, sin un corte, en el mejor horario del canal de las estrellas y excluido Zabludovsky. Más aún: Televisa retransmitiría la conversación al día siguiente, íntegra. Diego fue violento contra el presidente electo, Ernesto Zedillo, y Azcárraga pretendió editar la retransmisión del programa especial. Diego se opuso. Azcárraga dobló las manos.)

Pasadas las cuatro y media de la tarde, en el postre, mantuve el dedo en el renglón y dije simplemente:
–No me facilitó usted los documentos, señor presidente.
–No era el conducto –repuso sin hendidura para la réplica.
Antes me había dicho el presidente:
–Yo también tengo un agravio.

Conozco mis sobresaltos: frío en las manos y un ánimo compulsivo, la desesperación por saber de qué se trata.

Sin preámbulos había apuntado directo a una portada de Proceso que lo muestra con la cabeza inclinada y dos palabras que acompañan la imagen: El Declive.

*Estos textos de Julio Scherer García fueron originalmente publicados en los libros Vivir (2012), La terca memoria (2007) y Estos años (1995).
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