lunes, 13 de junio de 2011

“La Jornada” podría hacer quebrar “Letras Libres” y a Krauze

“La Jornada” podría hacer quebrar “Letras Libres” y a Krauze SDP Noticias
@FedericoArreola
2011-06-12

El artículo de este domingo de Enrique Krauze en Reforma hace referencia a un litigio civil que enfrenta a la revista que el historiador dirige, Letras Lilbres, con el diario que encabeza la señora Carmen Lira, La Jornada.
Krauze explica en su texto que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha atraído ese caso que él considera “de relevancia para el futuro de la libertad de expresión en México”.
El historiador cuenta que “la materia del litigio (que ha llevado más de siete años en los tribunales) es un artículo titulado ‘Cómplices del terror’, publicado en Letras Libres (marzo 2004) y escrito por el entonces subdirector Fernando García Ramírez. El texto denunciaba el tratamiento de La Jornada en torno a la organización terrorista ETA”.

Describiré los antecedentes del asunto según Krauze, pero antes daré a conocer, en pocas palabras, las razones que llevaron a La Jornada a demandar a Letras Libres: En la revista de Enrique Krauze se acusó de complicidad con el terrorismo al diario dirigido por Carmen Lira. Como se trata de una grave acusación, La Jornada decidió pasar a la ofensiva. Muy bien hecho por parte de La Jornada.

Después de siete años, parece inevitable el triunfo de La Jornada en los tribunales, lo que podría traducirse en una pena económica enorme para Krauze y sus socios, entre los que hay empresarios importantes.
Entiendo a La Jornada. Cualquier crítica o acusación falsas se pueden tolerar, menos la de terrorista (o asesino o narco).
Ahora dejaré que el propio Krauze dé su versión de lo ocurrido (sintetizo su escrito de Reforma):
“El 30 de enero de ese año (2004), el juez de la Audiencia Nacional Española, Baltasar Garzón, se había presentado en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México para asistir a la ampliación de la declaración en el proceso de extradición de seis detenidos vascos, acusados de pertenecer a ETA. Ante la cobertura de esos hechos por parte de La Jornada, Garzón publicó una carta en la que acusaba al diario ‘de manipulación informativa’ y comentaba: ‘me preocupa que presenten como paladín de la libertad y de la dignidad restaurada a una organización terrorista que tantas muertes ha causado y que tanto dolor ha llevado y lleva a muchos hogares españoles y de otras nacionalidades’. El señalamiento del juez Baltasar Garzón fue muy claro: la dignidad de una sociedad se alcanza cumpliendo la ley ‘y no mintiéndole al pueblo como ustedes han hecho’ (La Jornada, 31 de enero de 2004)”.

Krauze cita algo dicho por Fernando Savater en 1997: “se había quejado en términos similares de un reportaje sobre ETA publicado en La Jornada: ‘Es difícil encontrar una celebración más partidista y mendaz de un País Vasco afortunadamente imaginario y de un terrorismo desgraciadamente real que la realizada en estas páginas’…”.
Recuerda Krauze que el redactor del texto de Letras Libres que molestó a La Jornada hizo referencia a “la noticia aparecida en el diario español La Insignia (5 noviembre de 2002) en el sentido de que el diario Gara -cercano a la organización Batasuna, brazo político de ETA- había firmado un acuerdo de colaboración con La Jornada. Se preguntó por qué, si La Jornada había dado a conocer los acuerdos firmados con The Independent y Le Monde, optó en cambio por no hacer público su convenio con Gara. Esos y otros elementos (como el hecho público de que Josetxo Zaldúa, Coordinador General de Información de La Jornada, tuviese dos procesos abiertos por terrorismo en España) le parecieron suficientes para escribir su artículo. El texto puede verse en el sitio de Letras Libres (www.letraslibres.com) y directamente en http://www.letraslibres.com/ index.php?art=9458”.

Dice Krauze: “Considerándose agraviada por el señalamiento de complicidad con ETA, en agosto de 2004 La Jornada presentó una demanda penal por calumnia en contra de Fernando García Ramírez, y otra demanda civil por daño moral en contra de la casa editora de la revista Letras Libres. A partir de entonces, un grueso expediente se fue integrando con las sucesivas sentencias y amparos en cada una de las instancias judiciales. En enero de 2011 la Suprema Corte de Justicia decidió atraer el caso”.

Para Enrique Krauze se trata de un asunto en el que está en juego la libertad de expresión. Yo no lo veo así. La libertad de expresión no garantiza impunidad para calumniar de tan fea manera a nadie. ¿Puede haber algo peor que acusar a una persona de “terrorismo”? Es lo que hizo Letras Libres, al supuestamente exhibir a La Jornada como un diario cómplice de ETA. Hizo bien La Jornada, en mi opinión, al demandar a Letras Libres. Yo demandaría a cualquiera que me acusara, sin absolutamente ningún fundamento, de terrorista, narco o asesino.

Los juicios de Garzón, de Savater y de La Insignia lo único que prueban es que La Jornada tiene una línea editorial, en el peor de los casos, distinta a la de Krauze, Savater, Garzón y La Insignia. Por lo demás, la infamia de acusar abiertamente de terrorista a un directivo de La Jornada, Josetxo Zaldúa, como lo hizo Letras Libres, simplemente no tiene nombre. Es un hecho que el señor Zaldúa es un ciudadano pacífico que realiza, sin dañar a nadie, un trabajo perfectamente legal en el principal diario de México.

Lo único que Krauze debería hacer, y no hace, al menos no en su artículo de Reforma, sería disculparse con La Jornada y con Josetxo Zaldúa.
En vez de actuar con humildad pidiendo perdón por haber molestado de esa manera a la gente de La Jornada, Krauze dedica su escrito a quedar bien con la Corte claramente buscando que los ministros resuelvan el caso a su favor. Eso es inmoral. Cito a Krauze:
“En los últimos años, la Corte ha tenido la última palabra en varios conflictos sobre libertad de expresión, querellas entre particulares, entre autoridades y particulares, y entre medios y autoridades. En todos ellos ha protegido la libertad de expresión. Ahora, con el caso de La Jornada contra Letras Libres, la Corte atrae por primera vez un conflicto entre dos medios de comunicación. En última instancia, La Jornada ha esgrimido el sorprendente argumento de que la Ley de Imprenta vigente le parece insuficientemente restrictiva con respecto a la libertad de expresión. Sin embargo, en un litigio reciente con el Colegio Green Hills, La Jornada fundamentó su defensa en la misma ley que ahora quisiera limitar o poner en entredicho, y con ello logró el fallo positivo de la Suprema Corte. La contradicción es evidente: La Jornada no está dispuesta a conceder a otros medios la libertad que ella misma reclama y que ostensiblemente se toma”.

Evidentemente Krauze no es abogado, por eso sus argumentos legales son tan débiles. Pero es muy buen escritor, por eso ha estructurado tan bien su zalamería con la que pretende influir en el ánimo de los ministros de la Corte que decidirán el asunto.
Después, Krauze se queja de que en La Jornada se le ha ofendido con alusiones antisemitas, que seguramente han estado fuera de lugar, pero que por ningún motivo pueden compararse con la acusación lanzada por Letras Libres de que La Jornada es un diario cómplice del terrorismo.
Krauze, envalentonado (seguramente porque se sabe del lado del poder), va mucho más allá antes de finalizar su artículo: “El conflicto entre Letras Libres y La Jornada no sólo atañe a la libertad de expresión sino, de manera específica, a otro tema central para la democracia en México: el tema de la transparencia. La prensa ha sido llamada un cuarto poder desde el siglo XVIII, y en el siglo XX aumentó la conciencia de que debe ser -como los otros tres poderes- un poder responsable y transparente. Dejando a un lado la cuestión de si es legal o debe serlo publicar contenidos que simpatizan con los de una banda terrorista, lo menos que se puede exigir a un medio es transparencia: una cosa es publicar esos contenidos, y otra ocultar su origen y editorializarlos como afirmaciones del periódico”.

En el párrafo precedente, Krauze, que ve la tempestad y no se hinca, vuelve a acusar a La Jornada de complicidad con el terrorismo al decir que “oculta” el origen de sus comentarios sobre ETA. ¿O qué está sugiriendo Krauze? Indigna su capacidad para la calumnia.
Y Krauze concluye su texto con falsa magnanimidad que, en mi opinión, no es sino miedo de perder el caso que podría llevarlo a la quiebra:
“Cualquiera que sea el desenlace de este largo y penoso conflicto, sobra decir que la revista Letras Libres se allanará a la sentencia. Si gana, tenderá la mano a La Jornada para convivir en el espacio público en un marco de pluralidad y respeto. Si pierde, espera que La Jornada actúe en el mismo sentido”.

¿Tender la mano? Si Krauze fuera tan conciliador podría empezar por disculparse. Ya que ni él ni sus socios ni sus colaboradores tienen el derecho de lastimar tan vilmente a una publicación honorable como La Jornada.

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