domingo, 3 de junio de 2012

Un beso es un beso, ¿es un beso?

Un beso es un beso, ¿es un beso? :: El Informador


Javier Sicilia besando al candidato del PRI a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto.
◦Por: Ana López
El poeta y activista social Javier Sicilia ha usado el beso como un signo político desde que, empujado por el asesinato de su hijo, se plantó en la vida pública del país. Cuáles son las raíces de este gesto


GUADALAJARA, JALISCO (03/JUN/2012).- Pobres de aquellos que van en busca del “beso del diablo”, dijo el presidente del PRI, Gustavo Carvajal cuando a principios de los 80 agonizaba el sexenio del entonces presidente José López Portillo y su antecesor Luis Echeverría, quien no cesaba de hacer política, recibía a los “tapados” y “suspirantes” a un cargo de “elección” importante, para supuestamente con ello mostrales su apoyo. Pero López Portillo era el Poder formal y el pronunciamiento del líder priista supuso un alto a esas visitas. Ya no buscarían “el beso del diablo”, el respaldo de Echeverría.


Treinta años más tarde, un verdadero beso aparece en la escena pública. Los candidatos a la Presidencia de todos los partidos lo reciben, ya no con palabras como se daban en la residencia de Echeverría, ni tampoco para aprobar o desaprobar sus intenciones, sino impreso sobre la mejilla por Javier Sicilia, el poeta que se convirtió en activista social tras el asesinato de su hijo y cuyos gesto es hoy un símbolo político, con profundas raíces históricas.


El lunes pasado el escenario fue el Castillo de Chapultepec, donde antecedida por su sonrisa llegó Josefina Vázquez Mota, abanderada del PAN. Sicilia la recibió con los brazos abiertos, luego, el poeta inclinó un poco la cabeza e imprimió un beso en la mejilla derecha de la candidata para finalizar con un fuerte abrazo. Más tarde, la sonrisa de la panista se transformó en una mueca, con los labios apretados, cuando el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que convocó a la reunión, y que lidera Sicilia, acusó a su partido de la situación de violencia que atraviesa el país.


Le siguió Enrique Peña Nieto del PRI. Sicilia estrechó su mano firmemente y de igual forma se acercó a su cara para besarlo en la mejilla, ante el gesto incómodo y tenso del candidato. Ya en el diálogo con el candidato, Sicilia le recordó que viene del PRI, del viejo PRI y subrayó los excesos en el uso de la fuerza en el caso Atenco.


Andrés Manuel López Obrador, del PRD, simplemente esquivó el beso del poeta con un abrazo fuerte y efusivo, y una sonrisa que quería ser de complicidad, pero que sólo fue el sello de bienvenida, porque luego fue llamado intolerante y mesiánico.


Cuadri llegó al final. Fue recibido por el activista con un abrazo, aunque no está claro si también lo besó. El representante de Nueva Alianza fue visto por el movimiento como la muestra de la usurpación de candidaturas ciudadanas.


Lo que quedó claro en esa sesión, más allá de los planteamientos de ambas partes, es que los políticos no comprendieron el signo renovado que propone Sicilia. No era el beso con el que Judas entregó a Jesús. “Yo pienso que Sicilia lo que hizo en realidad es cambiar, transformar un signo (el beso). Y eso es fundamental”, dice Sarah Corona Berkin, doctora en Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara.Para la especialista en semiótica, los candidatos no estaban preparados para reaccionar y comprender la palabra distinta, el signo diferente. No era el beso del homosexual, ni un saludo. “Era un beso nuevo que no entendieron”.


“El ‘Peje’, eso de que a mí no me bese, es una forma de decir ‘no entendí el beso’ y yo no cambio. Cuál forma diferente (del perredista),‘porque para mí el beso es uno, y si es entre hombres, o es de homosexuales o eres mi papá’. No estuvo flexible para entender este beso me está diciendo algo diferente”, analiza Sarah Corona.


“Luego Peña Nieto, con su cara de yo no reacciono —en la política igual— yo no cambio, yo no me comprometo con este nuevo signo. Con los nuevos signos de la época, porque el beso de Sicilia no es el único, también son las manifestaciones de los jóvenes: son nuevos signos que nos están diciendo cosas que hay que interpretar”.


“Josefina, me da la impresión de que ella lo tomó más natural, ¡pero eso no es! Es un beso nuevo, no hay que tomarlo natural. No interpretó. Entendió como cualquier hombre que le da un beso aquí en México: es común, es natural, es cotidiano. Un beso más. También se le fue”.


Corona Berkin se reconoce asustada, “Yo tengo un poco de miedo, de susto”, dice, “porque vi que los políticos no están preparados para el cambio”.


Los besos Sicilia de pronto traen a la memoria otros besos, como esos de ficción, pero también muy políticos, de Barack Obama con Hugo Chávez. Parece un beso amoroso. Luego está el máximo patriarca de los católicos en la tierra: el Papa Benedicto XVI besa el labio superior de Ahmed el Tayyeb, el líder musulmán, quien le besa el labio inferior. Imágenes de la campaña Unhate (Sin odio), con una buena dosis de carga política, que Benetton difundió en el Día Internacional de la Tolerancia en 2011.


Memorable también es la fotografía en la que Erich Honecker, presidente de la República Democrática de Alemania (RDA), y Leonid Breznev, líder máximo de la Unión Soviética, además de celebrar en 1979 el trigésimo aniversario de la RDA, sellaban su compromiso comunista. Un beso, signo de solidaridad socialista, muy usado desde la era Khrushchev, que el mismo Mikhail Gorbachev repitió con el propio Honecker, sólo para decirle con ello: “amigo, esta vez vas solo”.


En la historia, el beso en la boca era también considerado una forma de lograr un intercambio de espíritus en las primeras liturgias, y en ese momento sucedía lo que San Pablo dice: “Ya no hay diferencia entre amo y esclavo, gentil y judío”, como lo refiere el propio Javier Sicilia. “En ese acto carnal, simbólico, quedaban abolidas las diferencias, se establecía la primera y verdadera comunidad democrática”, decía Sicilia en una entrevista en 2011 con el Universal. Con su besos, el poeta intenta decir: somos iguales. Yo ciudadano y agraviado, te quiero poner en mi mismo nivel, para poder conversar.


En la Edad Media un juez deshonesto podía ser condenado por los tribunales seculares, por haber condenado injustamente a muerte a una persona, a besar en la boca el cuerpo del ejecutado, o un modelo representativo. El acto además debía ser plasmado en una placa conmemorativa y colocada en un lugar público.


Pero tenía que ser un poeta quien le diera vida nueva al signo, dice Sahara Corona, “porque ese es el trabajo del poeta, Tiene que cambiar el significado de las palabras. El poeta lo que hace es tomar una palabra —que es rígidisima— del diccionario y la hace decir otras cosas, y cuando dice cosas que nos emociona, es un buen poeta”.


Beso


En la historia, el beso en la boca era también considerado una forma de lograr un intercambio de espíritus en las primeras liturgias, y en ese momento sucedía lo que San Pablo dice: “Ya no hay diferencia entre amo y esclavo, gentil y judío”, como lo refiere el propio Javier Sicilia


En la mira
Un poeta sin letras


En marzo de 2011 el hijo de Javier Sicilia fue encontrado sin vida. En ese momento el poeta sufrió una metamorfosis y tras sus pasos miles de personas y organizaciones se agruparon en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad para exigir “No más sangre”, “Estamos hasta la madre” y el objetivo de una “Paz con Justicia y Dignidad”.

.CRÉDITOS:Informador Redacción / NBVV

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